¿Autoestima o Amarse a uno/a mismo?

Con cierta frecuencia se han utilizado ambos conceptos como sinónimos, sin embargo hoy quiero generar un espacio para la reflexión sobre esto, que ya grandes referentes contemporáneos han tratado.

La Autoestima es un concepto que se ha estudiado y definido con mucha frecuencia desde las corrientes de la psicología, uno de los autores de referencia es Abraham Maslow, impulsor de la psicología humanista quien desde su visión de una pirámide de necesidades la posicionó en la cúspide y la definió como:

“La necesidad de respeto y confianza en sí mismo. La necesidad de la autoestima es básica, todos tenemos el deseo de ser aceptados y valorados por los demás. Satisfacer esta necesidad de autoestima hace que las personas se vuelvan más seguras de si mismas. El no poder tener reconocimiento por los propios logros, puede llevar a sentirse inferir  o un fracasado.

En esta descripción se vincula de una manera directa la aceptación y el valor que nos dan los demás con cómo nos valoramos y aceptamos nosotros/as mismos, por tanto el auto concepto no nace de una manera intrínseca desde nuestro Ser, sino que se ve condicionada por la percepción y juicio que los demás pueden tener sobre nuestros actos y/o comportamientos.

Por otro lado, Carl Rogers coetáneo de Maslow y padre de la Psicología Humanista lo definió como la Autoaceptación Incondicional quien supuso un referente trasgresor de este concepto y sirvió como inspiración para otros/as grandes terapeutas como Albert Ellis quien afirmó que  “la valía del ser humano no puede ser descrita a partir de un conducta….“ crearía posteriormente la terapia racional emotiva conductual (TREC), donde trabajan desde “la aceptación incondicional de la vida tal y como realmente es, sin exigir o esperar que sea diferente….”

Elia Roca, Psicóloga Clínica de Valencia es un referente en España quien con números trabajos y libros altamente recomendables como “Autoestima sana” pretende aunar y ampliar la visión de la autoestima relacionándola con temas afines como la “autoaceptación, la inteligencia emocional, la autocompasión, la visión realista de uno mismo y el desarrollo de potencialidades.”

Llegados a este punto, reflexionemos sobre el impacto y la limitación que puede suponer el propio concepto para definir lo que es nuestro propio concepto de amor a uno mismo/a.

Si navegamos en corrientes más espirituales de conexión con el Ser, entendemos que la identificación de nuestro comportamiento con quien Somos, se nos queda corta, pues no solo somos pensamientos, actos o comportamientos, somos mucho más.

Albergamos en nosotros un sinfín de posibilidades que limitadas en una actuación coartan nuestros infinitos potenciales.

¿Sería coherente acaso juzgar a un bebé que se cae 50000 veces antes de comenzar a andar, tildándole de “torpe o inútil”?  ¿Qué sucede si miramos con las gafas del no juicio, de la aceptación? ¿Si en lugar de reflexionar u opinar sobre un acto, simplemente lo observamos con curiosidad? ¿Y cómo nos sentimos cuando abrazamos que somos falibles, que es parte de nuestro aprendizaje y así es perfecto?

Te invito a que te hagas estas preguntas y te permitas responderte con absoluta honestidad.

No se trata de no elegir posicionarnos con que actuaciones estamos o no de acuerdo, se trata de aceptar que todos nuestros comportamientos atienden a una razón en el aquí y en el ahora que pretende el mejor resultado, aunque a veces no sea el esperado o traiga consecuencias no contempladas, incluso para otras personas.

Sin embargo cuando aceptamos nuestra totalidad, aceptamos todo aquello que tampoco nos gusta y que forma parte de nosotros.

Y desde ahí es entonces desde donde podemos y donde elegimos cambiarlo, con gratitud y amabilidad a todo aquello que no nos gusta, pues cuando somos conscientes es cuando en realidad Somos.

Desde la absoluta aceptación solo hay espacio para el Amor, para esa aceptación incondicional que comentábamos al principio. Desde aquí nos permitimos la imperfección perfecta que Somos, sin juicio aunque con la firmeza y la capacidad de cambiar todo aquello que queramos mejorar y alinear nuestro sentir, pensar y hacer.

Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz, sino haciendo consciente la oscuridad.” Carl Jung

Tamara de Prado Castillejo

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