Egotismo, mas allá del control

Egotismo, que no egoísmo

Durante mucho tiempo, se ha comparado un concepto con el otro aunque en verdad no tienen mucho que ver, salvo porque en ambos el foco de atención es el Ego, o sea el yo minúsculo que es la identidad paralela a nuestra esencia o Yo auténtico (y mayúsculo)

La personalidad egotista puede parecer beneficiosa, harto solvente, resolutiva… pero en su punto mas agudo, casi patológico la Gestalt lo define como en muchos casos, la antesala de trastornos de la personalidad del tipo B, principalmente el histriónico y el narcisista.

Sin querer entrar en mucha materia, podemos definir que lo que pasa en la mente de una persona egotista básicamente es ella misma, se cuenta cuentos que engrandecen, enaltecen y vitorean sus andaduras y peripecias, se pasan la vida buscando llenar un vacío llamado incertidumbre, tomando con determinación sus ideas y aventuras, sin importarle poco o nada la realidad de los demás.

Está enajenado/a en saciar su ansía de más y más porque en el fondo nada es suficiente, experimentan una ataraxia enfermiza ante las vivencias, donde lo único importante es no ceder a la incertidumbre, a la inseguridad, rendirse a lo que está por venir y no depende de mi.

Por eso una persona egotista es cerrada y cerril, inflexible, dogmática y utilitarista, una persona posiblemente muy insatisfecha y sufridora de sus propios cuentos…

Se llenan los muros de caralibro con historias egotistas, fotografías de derroche y abundancia infinita, narrativas de rebosante opulencia, muchas veces meros trampantojos de tramoyistas egotistas que, como decía Santa Teresa de Ávila, viven sin vivir en ellos/as.

Tamara de Prado Castillejo – Zenit Coaching Toledo

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